La Fricción positiva en la era AI-First

La mayoría de las conversaciones sobre AI-First giran en torno a productividad: más código, más rápido, menos fricción, más automatización…
Es comprensible porque durante décadas, producir software fue costoso. Escribir código era el cuello de botella.

Hoy ya no lo es. Los modelos generan estructuras completas, sugieren patrones, completan implementaciones enteras en segundos. Lo que antes exigía horas de concentración ahora puede aparecer en una ventana lateral.

Pero cuando producir se vuelve fácil, diseñar mal se vuelve muy peligroso. La verdadera pregunta ya no es cuánto código somos capaces de generar. La pregunta es qué tan sólido es el pensamiento que lo antecede.

La inteligencia artificial no reemplaza el criterio, lo amplifica. Y si el criterio es superficial, la deuda simplemente se acelera.
Este no es un problema de herramientas. Es un problema de una deuda pendiente que ya no se puede ignorar.

La mutación silenciosa del un oficio

Durante años, el desarrollador fue evaluado por su capacidad de ejecutar. Recibir un requerimiento / historia de usuario, interpretarla correctamente, implementarla con eficiencia. Optimizar lo que tenía delante, cumplir con el backlog. Ese modelo funcionó ciertamente porque nos trajo hasta aquí.

Pero el contexto cambió. Cuando el código deja de ser escaso, lo escaso pasa a ser la comprensión sistémica. Cuando la generación se automatiza, el valor se desplaza hacia el diseño, no solo de la usabilidad, sino principalmente el técnico. Porque cuando la ejecución se acelera, el error estructural se multiplica peligrosamente.

Aquí aparece una distinción que ya no es académica: la diferencia entre quien ejecuta tareas y quien diseña sistemas:

  • El developer tradicional recibe una historia y la asume como un requerimiento cerrado. La implementa, optimiza localmente y descubre impactos colaterales después.
  • El ingeniero de producto recibe un problema, no una tarea. Antes de escribir una línea de código —propia o generada por AI— cuestiona el framing, revisa el modelo de dominio, evalúa dependencias, visualiza impactos arquitectónicos y traduce la necesidad en hipótesis explícitas.

El primero asegura que funcione un feature. El segundo se asegura de que el sistema siga funcionando mañana. No es una mejora cosmética en la forma de programar. Es un cambio en la forma de pensar el trabajo.

Y en un entorno AI-First, esa diferencia deja de ser deseable para convertirse en imprescindible.

El problema real: compromiso sin comprensión

Hay un fenómeno más delicado que los bugs visibles. Es el compromiso sin comprensión real.

Cuando aceptamos una historia de usuario o un requerimiento sin explorar dependencias, sin revisar impactos sistémicos, sin actualizar el modelo de dominio, lo que estamos haciendo no es simplemente “avanzar rápido”. Estamos hipotecando capacidad futura sin saberlo.

Cada intervención local no modelada introduce incertidumbre acumulativa. Cada feature implementado sin hipótesis explícita agrega complejidad que nadie está administrando. Por eso aparecen esos errores que nadie anticipó:

“Cosas que se tocaron
sin saber que se estaban tocando.”

No es un problema de talento. Tampoco de disciplina individual. Es un problema de mentalidad.

Y lo más inquietante es que este patrón no se limita al código. También se replica en la definición de negocio. Historias mejor redactadas, criterios de aceptación más claros, pero pocas veces en forma de hipótesis formales. Pocas veces descomposición real del problema. Pocas veces reflexión asincrónica y colaborativa antes del compromiso.

Se mejora el output. Pero no se profundiza el outcome. Ese es el síntoma real: ejecución sin framing.

AI como acelerador de mentalidades

En este punto es donde AI-First puede convertirse en una trampa. Si hoy ya existe la tendencia a ejecutar sin diseño explícito, ¿qué ocurre cuando la generación de código se multiplica por diez? El caos no desaparece. Se acelera.

AI reduce fricción técnica. No reduce deuda cognitiva. Si el equipo no modela dominio, no formula hipótesis, no introduce fricción saludable antes de comprometerse, la AI convertirá malas decisiones en código impecablemente incorrecto. La inteligencia artificial no corrige pensamiento superficial: lo compila.

En cambio, cuando el equipo opera con mentalidad de ingeniería, el efecto es inverso. La AI se convierte en un amplificador de diseño, en un co-ingeniero que acelera validaciones, explora variantes, tensiona decisiones arquitectónicas y permite experimentar con mayor profundidad sin sacrificar coherencia.

La tecnología no define el resultado, la mentalidad sí.
La ecuación es simple, aunque incómoda:

Coder Mindset + AI = errores más rápidos.
Engineering Mindset + AI = sistemas más robustos.

De mirar tareas a diseñar sistemas

La transición, entonces, no consiste en aprender una nueva herramienta. Tampoco en adoptar un framework adicional. Consiste en mover el centro de gravedad del oficio.

Esto significa aceptar una fricción inicial para proteger la velocidad futura:

  • Tratar las features como hipótesis que deben ser comprendidas antes de implementadas.
  • Participar activamente en la conversación de dominio.
  • Diseñar con intención —aunque el diseño sea suficiente y no perfecto— antes de delegar generación a la AI.
  • Instalar prácticas que obliguen a pensar antes de tocar código.

El coder no desaparece. Pero el coder como eje central sí.
En su lugar emerge el ingeniero de producto: alguien capaz de sostener coherencia sistémica en un entorno donde la ejecución se ha vuelto trivial.

Lo que estamos observando

En nuestro trabajo con equipos que transitan hacia AI-First, el patrón es claro. La evolución no es requerida primero en la sofisticación técnica, sino en la profundidad de pensamiento.

Algunos equipos usan AI solo para acelerar tareas. Otros comienzan a utilizarla para validar decisiones. Algunos la integran en conversaciones de diseño. Y unos pocos la convierten en un amplificador deliberado de hipótesis y arquitectura.

La diferencia no está en cuánto código generan. Está en qué tan conscientes son antes de generarlo. AI amplifica lo que el equipo ya es. Si el modelo mental es local, amplificará localismo. Si el modelo mental es sistémico, amplificará ingeniería.

La pregunta ya no es si tu organización será AI-First. La pregunta es:

qué mentalidad será amplificada
cuando lo sea.

En el contexto actual necesitamos información validada por expertos. Déjanos guiarte con una mirada proyectada desde experiencias reales.