Vibe Coding: ¿Una evolución inevitable?

“Creo en el caballo.
El automóvil es una aparición temporal.”
– Guillermo II, Emperador de Alemania, 191
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A principios del siglo XX, el emperador alemán Guillermo II, convencido del lugar del caballo en el futuro del transporte, habría descrito el automóvil como “un fenómeno transitorio”. Hoy sabemos cuán equivocado estaba: no porque los caballos dejaran de existir, sino porque el mundo entero reconfiguró su relación con la movilidad.

Esa anécdota nos ayuda a leer nuestro propio momento. Vibe Coding, bien entendido, ofrece una respuesta moderna a una presión real. Y frente a este tipo de corrientes, lo más inteligente rara vez es oponerse. No se trata de aceptar sin crítica todo lo que viene con IA o automatización. Se trata de no negar un cambio de paradigma por simple incomodidad. La historia no perdona la negación; la historia amplifica la dirección que uno elige.

De la promesa a la realidad

Durante décadas, la automatización del software fue presentada como una promesa futura. Hoy dejó de serlo. La generación automática de código ya no vive en laboratorios ni en demos: está entrando en la operación real de las organizaciones. No como experimento, sino como decisión estructural. Aparecen agentes orquestadores, flujos end-to-end asistidos por IA y configuraciones donde una parte creciente del trabajo ya no pasa por manos humanas, al menos no de la forma tradicional.

Este avance no debería sorprendernos. Todo progreso científico relevante ha creado nuevos roles y ha vuelto obsoletos otros. Siempre fue así. No es una anomalía ni una tragedia: es la dinámica natural de la evolución tecnológica. Lo que cambia esta vez no es el hecho, sino la velocidad. La unidad básica del trabajo comienza a desplazarse: del desarrollador individual al sistema que combina humanos, agentes y automatización. El valor ya no está en escribir cada línea, sino en dirigir, evaluar y decidir qué líneas —o qué soluciones— merecen existir.

Lo llamativo es el silencio relativo con el que esto está ocurriendo. En muchas organizaciones el cambio ya es visible, pero todavía se habla de herramientas más que de consecuencias. No hay alarma, pero tampoco hay demasiada conversación madura. El sistema cambió, y seguimos usando categorías antiguas para explicarlo. En ese contexto, empiezan a emerger nuevas corrientes que intentan poner palabras —y criterio— donde hoy solo hay velocidad. Una de ellas es el Vibe Coding.

Vibe Coding: una nueva forma de construir software

Vibe Coding no es una técnica nueva ni un framework más. Es, más bien, una sensación compartida que empieza a tomar forma: la de construir software al ritmo del pensamiento, sin la fricción que durante años dimos por inevitable. No nace como dogma ni como método cerrado, sino como una manera distinta de relacionarnos con el acto de crear: más fluida, más iterativa, más humana.

En su esencia, Vibe Coding propone algo simple y, a la vez, disruptivo: dejar de tratar el código como el centro del universo. El código sigue siendo importante, pero ya no es el protagonista. Pasa a ser un medio, no un fin. Lo que importa es el problema que se intenta resolver, el valor que se quiere crear y la velocidad con la que se puede aprender si vamos en la dirección correcta.

Esta mirada no surge por capricho. Surge porque el contexto cambió.

El Manifiesto del Vibe Coding, ¿Qué resalta de diferente?

El manifiesto del Vibe Coding articula una serie de preferencias que resuenan con fuerza en este nuevo contexto:

  1. Flujo por sobre fricción.
  2. Iteración por sobre perfección.
  3. Amplificación humana sobre automatización ciega
  4. Pensamiento de producto por sobre artesanía del código.
  5. Volver a generar en vez de depurar
  6. Gusto humano por sobre restricciones técnicas

Leído superficialmente, podría parecer una provocación contra la ingeniería tradicional. Leído con atención, es otra cosa: un corrimiento del foco. No se desprecia la calidad técnica; se cuestiona su centralidad cuando se vuelve un fin en sí mismo. No se rechaza el rigor; se rechaza la lentitud que nace del apego.

El manifiesto no niega la disciplina. La redefine. Nos dice, en el fondo, que construir bien ya no es escribir el código perfecto, sino aprender rápido si estamos construyendo lo correcto.

Por qué aparece ahora: IA y construcción end-to-end

Vibe Coding no podría haber aparecido hace diez años. Aparece ahora porque la tecnología lo hace posible. La IA generativa redujo drásticamente el costo de experimentar. Herramientas capaces de acompañar todo el ciclo —desde la idea inicial hasta una versión funcional— están colapsando etapas que antes requerían handoffs, esperas y fricción organizacional.

Ejemplos como Antigravity ilustran bien este cambio. No porque sean “la” herramienta, sino porque muestran el síntoma: la construcción end-to-end se vuelve una experiencia continua. Pensar, diseñar, probar y ajustar ya no son fases separadas, sino momentos de un mismo movimiento.

Cuando el costo de “probar” se acerca a cero, la perfección deja de ser una virtud y se transforma en un obstáculo. En ese contexto, iterar no es improvisar: es pensar en movimiento.

Cuando pensar y construir ocurren en el mismo movimiento

Aquí está la promesa más potente del Vibe Coding. La velocidad deja de ser solo una métrica de delivery y pasa a ser una capacidad cognitiva. Construir se vuelve una forma de pensar. Prototipar es razonar. Descartar rápido es aprender.

En este modelo, el código se vuelve descartable por diseño. No porque no importe, sino porque ya no tiene sentido aferrarse a él cuando el aprendizaje pide otra cosa. La maestría no está en arreglar infinitamente lo que no funciona, sino en saber cuándo regenerar con más claridad.

Bien entendido, Vibe Coding no elimina el juicio humano. Lo vuelve indispensable. Porque cuando todo se puede generar, elegir se transforma en la habilidad crítica.

Vibe Coding como espejo organizacional:
velocidad sin dirección vs velocidad con criterio

Vibe Coding no es el futuro. Es un espejo del presente. Un acelerador que revela, sin anestesia, el nivel de madurez de una organización. No falla quien va rápido. Falla quien acelera sin saber hacia dónde iba.

Adoptarlo no es un acto técnico. Es un acto de liderazgo. Porque, al final, la pregunta no es cuán rápido podemos construir, sino si sabemos por qué estamos construyendo.

Aquí aparece la tensión central. La IA no corrige la dirección. La amplifica. Vibe Coding acelera todo: lo bueno y lo malo. Un buen framing de producto se convierte en aprendizaje exponencial. Un mal framing se transforma en confusión acelerada.

En este punto emerge el “mal” Vibe Coding. El uso de generadores de código en modo copy-paste, sin criterio, sin comprensión del contexto ni de las consecuencias. Código que “funciona”, pero que acumula deuda técnica silenciosa. Sistemas que avanzan rápido… hacia ninguna parte.

Acelerar sin dirección no elimina la deuda técnica; la capitaliza con intereses.

La adopción adulta del Vibe Coding exige algo más incómodo: criterio explícito. Gusto humano informado. Decisiones conscientes sobre qué construir y, sobre todo, qué no construir. La velocidad no reemplaza al criterio. Lo pone a prueba.

El interés del management: no solo inevitable, sino lógico

Llegados a este punto, la pregunta aparece sola: ¿a quién le interesa Vibe Coding?

A los desarrolladores, sí. Pero al management, totalmente. Y no hay nada extraño en eso. Prometer ciclos más cortos, menor time-to-value, menos dependencia de heroicidades individuales y mayor capacidad de experimentar no es cinismo: es responsabilidad.

Itera está del lado del management en este punto. Crear valor económico, asegurar sostenibilidad y pensar en el mediano y largo plazo no son traiciones a la agilidad. Son parte de su promesa original. El problema nunca fue optimizar. El problema fue optimizar sin criterio.

Por eso Vibe Coding no pide adhesión ciega ni entusiasmo ingenuo. Pide algo más exigente:

comprender el contexto histórico-tecnológico
en el que estamos insertos y
decidir con criterio cómo aprovecharlo.

No para seguir la ola sin criterio, sino para darle dirección estratégica.

En el contexto actual necesitamos información validada por expertos. Déjanos guiarte con una mirada proyectada desde experiencias reales.